Como en un relato histórico frente al modo de abordar la naturaleza y su acercamiento a ella, se revelan en esta exhibición diversos marcos temporales que funcionan como ventanas cronológicas en el tiempo. Desde la recolección y el registro a campo cientificista hasta la posible imaginación de correlaciones inéditas entre lo orgánico-geológico y el humano-no humano a través de la IA.
En Clara Alsina el coqueteo naturalista decimonónico de la recolección y exhibición total del proceso completo fusionado con el uso de la poesía como recurso romántico de los viajes de siglos pasados. En Mariela Aquilio jugando con los cuerpos-hueso rediseñados acercándonos a la forma exhibitiva en modo saurio escultórico propio de museo de ciencias naturales. Se pasa entonces por la exploración actuada del cuerpo humano-cuerpo naturaleza en Sofía Lopez Mañan, un acting performance que solo puede recordarse a través del archivo fotográfico para llegar al cuerpo-obra 4d que en el espacio de Raymundo Lagresta suma sonidos ambientes de renacuajos nocturnos, viento, insectos y crujidos acercando aun mas la experiencia del campo adentro en el nuevo territorio de una sala expositiva en una ciudad a 250km de distancia.
Como en un rapto futurista Juan Martínez García nos abre la posibilidad de crear un propio territorio y rediseñarlo a través de un software asistido con IA, revelando cuan posible es repensar y especular en la nueva construcción del espacio y el sonido a partir de la elección hiper individualizada y hecha al propio placer jamas igual a la de otro ser humano.
En todo los casos la percepción y el registro de archivo en territorio funcionan como puntapié para tratar preguntas profundas sobre como se interviene el espacio, quienes lo habitan , su condición climática y como la tecnología podría rediseñar y recomponer habitats naturales, frente desafíos ambientales. El lenguaje simbólico encuentra su cauce para acercar y sensibilizar ante la fragilidad pero no por eso menos potente del ambiente y sus devenir.